27 septiembre 2008

Los dolores que no se van.

En una mesa de saldos me encontré con "Ese infierno", un libro de conversaciones entre ex detenidas desaparecidas que pasaron por la ESMA. Siempre me intrigó el funcionamiento de ese CCD, sobre todo por las historias de los "recuperados", los vuelos de la muerte y la arbitraria selección de unos y otros por parte de los personajes más chiflados y siniestros de las fuerzas de represión (la Marina). EL tema más importante del libro no es lo obvio (la locura asesina de la Marina y sobre todo de Massera y sus cómplices), sino el dolor por haber sobrevivido sin demasiadas explicaciones. Ellas, que pasaron por ese infierno.
Una de las detenidas desaparecidas es ahora muy conocida: Miriam Lewin, la del caso Grassi. Había leído su testimonio en el Juicio a las Juntas aunque nunca asocié su cara con el relato. Releyendo su experiencia la reconocí.
Cayó con los represores místicos de la Fuerza Aérea (casi tan chalados como los de la Marina) un año antes de ser trasladada a la ESMA. En un momento de su relato, hace referencia a que se cortó la luz mientras la picaneaban gracias a los sabotajes que el gremio de Luz y Fuerza hacía para protestar por la detención y desaparición de Oscar Smith (y luego de Giordano, Pardo y Santoro) el 11 de febrero de 1977.

Mi viejo me contó todo eso, una tarde incierta de 1985, cuando yo estaba por cumplir dieciocho. Tal vez lo haya tenido atragantado. Nunca lo había contado, y jamás volvió a hablar del tema. Siempre supuse que quizá no se sintió muy orgulloso por no hacer más, por haberse exiliado, por los amigos perdidos y nunca recuperados. "Al menos", me dijo, "tal vez se les hizo difícil picanear".
Me lo contó de manera algo graciosa (mi viejo tenía esa cosa de Benini en "La vida es bella" de reírse de las cosas serias, para quitarles dramatismo -y sobre todo, mérito-); cómo hacían los sabotajes y cómo burlaban las guardias del Ejército y la Marina, todo en paso de comedia, como una travesura de estudiantes.

Leer las consecuencias de esas travesuras en el libro de las supervivientes de la ESMA me resultó una especie de choque. Miro hacia los costados y no veo gente capaz de hacer hoy lo que mi viejo entonces. El primero, yo mismo.
Hay quienes hoy levantan banderas que él no levantaba por respeto a su propia pusilanimidad, por respeto a esos muertos que no eran él mismo. Y tal vez sea yo el menos digno de acordarme de esto, pero por lo menos no tengo la memoria sesgada.
Para mí Julio López es el último desaparecido. Y cuando veo a los que hacen un esfuerzo por ignorarlo, recuerdo a Videla con su "si está desaparecido, no existe, no está".

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Hoy hacen 11 años de la muerte de mi viejo. Sepa disculpar. En breve volveremos a la algarabía de estas páginas.