13 agosto 2008

El falso bipolar o la gente que te vuelve loco.

Hace algunos años tuve una amiga, P., que me volvía loco con sus cambios de humor. Era una chica dulce y afectuosa que de repente y sin aviso se volvía una perra sin compasión. Huía de ella -en lo posible, porque con otros amigos estaba bien- y no me quedaba más remedio de soportar sus mohínes, tiradas de indirectas y suspiros.

Seis meses después, en uno de esos cruces inevitables, me sonreía como si nada hubiese pasado. Empecé a temerle porque no podía definir qué cosa había hecho para enojarla (y preguntarle me daba más miedo todavía). Empecé a estudiarla a prudente distancia.
Mientras me rascaba la cabeza, empecé a pensar que perdía el tiempo porque creía que se amigaba conmigo a instancias de otras peleas y que era mejor darle un shot de cul. Detecté que no siempre los odiados eran los mismos y que las disputas eran bastante azarosas.

El patrón no dependía de P.: dependía de los demás. Advertí que se le despertaba la empatía con quien le iba mal, se volvía afectuosa con el caído. Y si la gente era feliz, se enojaba, supongo que no se sentía capaz de compartir esa alegría.
No tenía memoria: el mero cambio en el status del otro la hacía cambiar a ella. Tampoco tenía vergüenza. Sin escrúpulo alguno, se volcaba al cuidado del flamante perro apaleado a pesar de haberle hecho el vacío dos días antes.

Tiempo después, ya más grande, descubrí que hay gente así, quizá no tan excedida con esta característica, pero que dispone de sus humores y sus afectos según oscuros patrones externos. Ojo, no siempre son opuestos: tuve una compañera de trabajo que te odiaba -también se llamaba P.- cuando te felicitaba un jefe y te adoraba si te ignoraba a pesar de estar transpirando la camiseta como un galeote. La única forma de zafar era que ella te hubiese compadecido antes del reconocimiento.
Una cuñada que tuve, A., era un poco más sutil pero nunca retornaba del todo al estado anterior. A fuerza de resentimiento y vergüenza terminaba con todo el mundo en una obligada indiferencia mutua.

Hace poco, oooootra P., hizo con un amigo una jugada similar, con la variante de compadecerse de un tercero que quedaba supuestamente perjudicado a instancias de mi exitoso amigo (no era tal, pero ella queria creer que sí), y tengo la sospecha que estamos ante un nuevo caso del "falso bipolar".

Dos cosas: en general, parece que esto es un mal femenino pero estoy dispuesto a cambiar este juicio si me presentan pruebas; en lo particular, las P. tienen tendencia, en mi vida, a comportarse como falsas bipolares.

Juzgue usted.