11 agosto 2008

Ciclos variables y corrientes inmutables.

La vida, dijimos por acá, es un subibaja. Una especie de biorritmo (no es una genialidad encontrar un parecido entre A y B cuando B ya había sido pensado aprovechando la analogía de "ciclo", como series cartesianas de A; pero hoy no me reten que estoy de buen humor) con gráficas más o menos senoidales, desarrollándose al mismo tiempo y que pueden coincidir en algún punto alto, medio o bajo.

Olvidándonos pronto de la pavada del biorritmo -que usé apenas como una imagen mental- vamos al grano: en el día a día de mi vida tengo siempre abiertos unos veinte o veinticinco temas en diferentes etapas y que me van ocupando el día. Los hay de largo trámite (la vida misma es un largo y complejo trasiego que incluye todos los demás -otros más para los creyentes en la vida después de la muerte, pero no es mi caso-) y están los inmediatos que requieren perentoria resolución ("¿Qué vamos a comer esta noche?"). También están los ajenos, esos de los que a veces somos parte ineludible (de los que puedo ser "parte eludible" me esfumo siempre que puedo, porque de los entierros en los que no poseo vela aprendí a rajarme hace rato).

Este fin de semana algunas cuestiones de largo aliento, para mi sorpresa, coincidieron en darme buenas noticias, algunas largamente anheladas. No hay tesoros encontrados ni loterías ganadas repentinamente, ni un tío me dejó una fortuna. No, apenas cosas que les pasan a otros y que me hacen feliz.

Las noticias hicieron que mi almuerzo dominical (croutons untados con paté de higado con cebolla de verdeo*, otros con puré de berenjena a la pasta de sésamo y ajo, más empanadas de verdura al horno -todo hecho en casa-) lo disfrutara con una alegría distinta.
Me sentí incapaz de desear nada más. Pleno, consciente de que lo mucho o poco que uno tenga no depende de las cosas ni los objetos: podría sentirme mal pensando en todas las cosas que no están bien en mi vida (trabajo, distancias, desarraigos) pero no pude. Como un burgués que mira su chalet en el country, así me sentí. Y sin culpa alguna, como corresponde.

Ya habrá tiempo para sentirse mal.

Me lo dijo el biorritmo.

-----------------------------------------------------
(*) Aprendí, para este plato, a hacer una mayonesa ¡con leche! y aceite. Ideal para los que tienen problemas con la albúmina del huevo, el colesterol de su yema o sufren de terror a la escherichia colli. Sabe prácticamente igual y si se hace con leche descremada tiene menos calorías (pero no ponerse contento: en cuanto uno sabe esto... ¡come más!).