18 julio 2008

Why so sad?

Empezó la película con alguna broma chusca, en la primera toma, como para sacarnos los nervios a todos (en relación a cómo se veía el IMAX, el grito fue "¡Aguante el cine argentino!").
Un par de escenas y aparece él, de espaldas, esperando. En ese momento, supe que iba a ver una película que iba a tener muchísimos significados, muchos de los cuales quizá no comparto: el morbo es uno de los que nunca se me dió bien. Los homenajes, tampoco.
Podía ser bien otro bodrio alla Schumacher (bah, ya sabíamos que no, pero siempre existe la posibilidad de arruinar una saga que viene bien, como le pasó a Raimi) y entonces él hubiese podido ser el núcleo duro de un film mediocre (quizá, como pasó con la primera de Burton, en la que Nicholson se comió la película de principio a fin).
Digo, verlo parado de espaldas, encorvado; el pelo sucio, largo y despeinado; haciendo nada, ya te decía mucho más de lo que te hubiera dicho otro (ojo, no digo "otro, vivo" sino simplemente otro excelente actor, un Jake G., ponele). El corazón te da un vuelco y pocas veces en la vida el cine fue más cine.
En cuanto avanza la proyección, uno cae en la cuenta de que lo que estás viendo es histórico: los espíritus de Buster Keaton (porque a pesar de su nombre, jamás hace una broma -sólo provocó risas nerviosas-), Chaplin (por su conciencia del ridículo, propio y ajeno), Marlon Brando (porque sus ojos, su postura corporal y su psiquis entera están dominadas por el personaje), por el mentado Jack Nicholson (porque cada línea del texto es deconstruida hasta en las pausas y puestas al servicio de la escena) se fusionen, todos juntos, en un solo hombre, un actor, un fantasma, al mismo tiempo con tal sentido de la oportunidad.
Heath Ledger y The Joker, sin embargo, son una parte de la excelente The Dark Knight de Christopher Nolan. Falta todo lo demás, que sin Ledger hubiese sido una montaña de buenas cosas y una de las mejores películas del murciélago. Pero en conjunto está entre mi top five de mejores films que vi en mi vida. Sí, uno de superhéroes.
Si la ven, los desafío a que cuando llegue la escena en la que Batman interroga a The Joker en la Central, no lloren como lloré yo. No, no hay spoiler acá. Lo que hay es el alma de un hombre, pintada de coloretes ridículos y que te mira a los ojos con mirada de espejo. El que te mira, ése que está ahí, es un hombre muerto: lleno de vida, de arte, de una sensibilidad que apenas estaba saliendo del caparazón, está muerto.
La decepción se hace insoportable. La muerte de un payaso es siempre triste.