20 julio 2008

Lazy on the sunday afternoon I

Mi entrada a la comprensión musical se inició por lo rítmico. Si bien tuve una etapa, en mi infancia, en la que las buenas melodías me ganaban el corazón (etapa del envenenamiento Beatle), ya en la pubertad entraron en mi vida los ritmos (siempre de la mano de una somera aproximación previa de la discoteca de mi viejo, que incluía un par de discos distintos del sempiterno tango que la superpoblaba).
Elvis, Billy Halley y Chubby Checker eran los discos (sí, estoy hablando de LPs de vinilo) favoritos. Pero alguien en especial, y sobre todo improbable, se me caló en los huesos y fue quien me llevó a un mundo nuevo: Johnny Rivers.
Mi viejo tenía una especie de pasión por este músico, que se me pasó como una herencia genética. Rivers acostumbraba grabar casi todo su material en vivo. Aunque es un oscuro intérprete, mirándolo desde el bronce actual, él fue quizá el único músico blanco estadounidense que en los primeros años de la década del sesenta aún tenía rock and roll en las venas, y que no necesitó la transfusión beatle para recordar a Chuck Berry, Carl Perkins y Little Richard.
Con un estilo particular (influencias rítmicas llenas de blues, algo que para mí todavía era algo que tocaba a veces Louis Armstrong pero nada más), Rivers fue el iconoclasta del rock al oeste del Atlántico, en una época que ya se había olvidado de Elvis y venía por la "nueva cosa nueva". Su sonido era personalísimo: grabó casi todos sus discos en el Whisky a Go-Go, (fue número desde la inauguración) en vivo, con la gente en la sala.
Rindió homenaje a Chuck Berry versionando Memphis y Maybeline (el primer rock and roll de la historia), y de la colaboración con su mentor Willie Nelson salieron otras canciones más recordadas todavía, que le valieron un reconocimiento casi imposible para la moda del segundo lustro de los sesenta, culpa de los Beatles y los Stones, que obligaba a esconder a los solistas en un grupo. Por supuesto, Dylan fue otra historia.
Mantuvo el espíritu frívolo y alegre del rock and roll, respetando lo aprendido de sus influencias.
Por Rivers y su Ode to Johnny Lee Hooker derivé al blues y a tocar la guitarra, pero ésa es otra historia.




Como plus, una entrega de Shindig!, el musical adolescente de los sesenta (que es el que inspira el de Hairspray!) que no tiene desperdicio (de hecho, el locutor anuncia que "el mes que viene estarán Los Beatles") pero para los impacientes desde los 3:20 está Johnny.
Shindig! estará seguido por acá... Porque fue el mejor programa de rock de la historia, quizá.