20 junio 2008

Pigna es un poroto

Dicen que el comienzo del resquemor entre Rivadavia y Facundo Quiroga viene por una no muy conocida -hoy en día- disputa entre ambos que nada tiene que ver con la cuestión política (en primera instancia, pero vamos a ver cómo todo se arregla de acuerdo a la historia): Facundo era parte de la sociedad llamada Famatina Mining Company, conformada por la tristemente célebre Baring Brothers, el rico comerciante Braulio Costa, John Parrish Robertson y otros socios, como Tomás de Anchorena. Rivadavia, a su vez, había aprovechado el notable interés inglés (Inglaterra vivía por entonces una etapa de fiebre financiera que pronto se apagaría) por el oro riojano participando en una sociedad a la Hullet Brothers, fundando la Río de la Plata Mining Association.
El negocio era pingüe: se suscribían fondos para la explotación del mineral, la emisión de papel moneda y la extensión de préstamos. La verdad es que Rivadavia no tenía ningún derecho sobre el oro del Famatina, pero unitario como era y sabedor de sus contactos en la Ciudad de Buenos Aires, lo daba por descontado. Había ido a Inglaterra como diplomático, lo que desató las protestas del Ministro Canning, que consideraba a Rivadavia un buscavidas indigno de la investidura de diplomático.
La contracara de Rivadavia pudiera ser Dorrego, pero voy a elegir a Belgrano: fue enviado a Europa junto con Rivadavia una década antes a buscar apoyo europeo para la causa americana. Rivadavia llevaba instrucciones secretas de Gervasio de Posadas que intentaban mantener la "soberanía política" a cambio de seguir con los negocios (una solución "a la inglesa", pero que los absolutistas Borbones no comprendían para nada y que fue de evidentemente inspiración rivadaviana). Belgrano intentó, en vano, conseguir algún representante real capaz de apoyarse en una soberanía popular americana (derivado del carlotismo de 1808). Mientras Rivadavia entregaba la soberanía económica a cambio de la política (¿les suena?), Belgrano intentaba darle a los criollos un gobierno propio evitando un baño de sangre con España. No se puede sospechar de él, no hay revisionismo que no lo haya dado vuelta como un guante, infructuosamente. Como mucho, descubrieron que era más que "el creador de la bandera" y que todos los "prohombres de la Patria" se habían portado muy mal con él. Primero que ninguno, Rivadavia, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires.
Belgrano fue un tipo que comprendió pronto a la gauchada (como el Manco Paz y Rosas; todos de diferente palo). Razonable, sembraba con su propia hidalguía el respeto de rivales; aún de sus vencedores. Capaz de sujetar a carniceros como Lamadrid (el verdadero padre del Facundo que quiso ver Sarmiento, otro que pronto vamos a atender) o aventureros indisciplinados (¿más románticos?) como Dorrego (aunque Belgrano reconoció que Vilcapugio y Ayohuma no hubieran sido derrotas de haber tenido consigo al Coronel) o darle alto contenido ético a un soberbio José María Paz (Lavalle hizo lo suyo para tratar de echarlo a perder). Belgrano, el hombre al que se le echaban en cara derrotas en condiciones imposibles, que cedía su montura al soldado herido y que compartía el rancho del raso (para fastidio de sus oficiales). Genial e intuitivo cuando desobedecía (como San Martín, hacía oído sordos a los gritos destemplados de la Capital), y capaz de las hazañas más inverosímiles como militar a fuerza de valor es, quizá, el verdadero Padre de la Patria.
Pero es TAN incómodo para muchos.