21 mayo 2008

La Patria en una caja de zapatos

No sé si fue el post de T.E.LIT.A, que escribió Vontrier. No sé si fue que se olía la lluvia y a mí me tocaba estar encerrado cuatro horas con quince nerds escuchando a otro hablar de bases de datos y reportes. No sé.
Crucé Maipú apurado, preocupado porque incluso el día en que me toque ir al matadero voy a estar incómodo si llego tarde, cuando vi la caja de zapatos casi cruzándome el paso, ahí en plena vereda del Sheraton sobre Córdoba.
Con dos sucios pies descalzos, sentado de costado con las rodillas juntas y la espalda apoyada sobre la pared del hotel, junto a la caja había un niño de no más de seis años, con el mentón hundido en el pecho, maniobrando un alfiler para prenderse una escarapela en el raído pulover (del que sobresalía una desteñida camiseta de Boca). Sí, era una escarapela argentina. Y no, no es una alegoría fácil que se me ocurrió ante las estupideces que a diario ocurren en este país. No tiene nada que ver con la soja, con los índices de pobreza del Indec o el precio de los fideos. La alegoría estaba ahí, para cualquiera que se la chocara en Maipú y Córdoba.
Me dejó enfermo, mal. Quisiera decir que me volví y dejé unas monedas en la caja, que me llevé el niño a mi casa. Que intercambiamos lugares y que no estoy escribiendo esto ahora sino que estoy luciendo una escarapela sentado en una vereda cualquiera, con una caja de zapatos vacía delante mío.
Pasar después por la opulencia de Galerías Pacífico fue duro: la gente no tiene la culpa.
O sí, qué se yo.