16 mayo 2008

El duro trabajo de desenojarse

El pedido de audiencia con sostenimiento del lock out por parte del campo puede parecer incoherente, pero no lo es: durante treinta días las entidades representativas acordaron el levantamiento del mismo para negociar y no hubo ninguna novedad que conformara a las partes. De hecho, los Gobiernos vivieron como un triunfo la suspensión, y respiraron con alivio. Creyeron que era momento para hacer borrón y cuenta nueva, cambiarle la mascarita al Ministerio de Economía y mandar al guitarrero mayor a hacer rueda de mentirosos con los pobres de la Sociedad Rural y sus amigos, los pequeños campesinos.
En el actual estado de cosas, destrabar el conflicto es difícil. Levantar el paro para hablar ya se hizo y el desdén triunfalista de los K. soliviantó a las bases. Muchas boludeces se van a decir en estos días, ante la necesidad de decir algo. Pero la sociedad (o sea, los que sólo ven los billetes cuando eventualmente pasan por sus manos de camino al pago de servicios o bienes de primera necesidad cada vez más caros) está empezando a molestarse. Ya no les causan gracias ni las caras de asombro de los Fernández ni las campechadas de De Ángeli. El Campo corre el riesgo de que su reclamo quede en orsai y tome un cariz de afrenta si otros sectores más castigados deciden activar sus reclamos. No les conviene a ninguno de los dos: los otros temas que reclaman lugar en los noticieros no son más favorables: inflación, superganancias e inseguridad. De Ángeli todavía se vende bien como tipo promedio del chacarero que este año le va bien pero que tuvo épocas complicadas y valida el reclamo. Pero camina por la cornisa y en muchos lugares sueñan con encontrarle un muerto en el ropero. Y que alguien, en este país, no tenga un muerto en el ropero es hasta sospechoso.
La pulseada con Clarín por manejar la agenda mediática se complica, y los anuncios que se vienen haciendo para contrapesar parecen escritos por algún opositor bastante malvado y que trabaja para los humoristas políticos (Tato, ¡COMO SE TE EXTRAÑA!). Los aliados del gobierno llevan más lastre que oxígeno en las alforjas y están empezando a complicar la relación de los K. con la clase media, siempre necesaria cuando lleguen las elecciones.
Esto no tiene fin cercano: la propuesta del gobierno no es creíble (los famosos reintegros) porque desde el principio de los tiempos los gobiernos se han preocupado más por recaudar que por devolver. Nadie que se maneje con el ONCCA -por ejemplo- le cree. La impresión es que sólo sirve para proteger la recaudación, como la versión del INdEC de Fernández-Kirchner, cuya justificación es proteger el SER y los indicadores más comprometidos de la caja financiera.
Por otro lado, la autoridad pública de Cristina Fernández está en peligro: metida en un conflicto generado por la obsesión por esa misma caja de su marido (recordar los torniquetes del final de su gestión al trapo de la recaudación) que hizo una equívoca percepción del valor de oportunidad al apretar también al campo más allá del límite de rotura, y que la obliga a desactivar pronto la protesta pues otros sectores se sentirán tentados. Ya mismo los gordos de la CGT vienen pidiendo pista porque no se creen la inflación de Moreno y quieren que en Setiembre haya otro reajuste salarial. Moyano se está jugando la silla si no apoya y a los K. no les sirve si no amengua los apetitos salariales de Barrionuevo, Cavallieri y compañía.
Y la famosa opinión pública está empezando a preguntarse por qué un conflicto como éste dura tanto tiempo. Quizá habla más de la imposibilidad de lidiar con ciertos problemas inherentes a los K. desde tiempos remotos (liderazgo, capacidad técnica, razonabilidad, libertad de decisión, templanza ante las provocaciones) que de su tozudez a la hora de negociar o su falta de oportunismo. Y algunos ya se aprovechan del río revuelto.
A los dos, Campo y Gobierno, se los come el lobo. Son socios y no se dan cuenta. Pero si no se avivan pronto, van a empezar a sospechar los boludos de siempre.

(Yo no lo puedo decir con el humor de él, perdónenme!)

(Sí, está lleno de links ¿Y qué? ¡Como si todos leyeran los diarios, malditos escapistas!)