28 mayo 2008

Conformismo inconformista

La historia particular que cualquier persona acepta como propia está construida a medias en un compromiso entre la veracidad de sus éxitos y el olvido de los fracasos.
En lo personal, a medida que pasaron los años mi récord personal se volvió una nube borrosa de cosas que me hubiera gustado ser y no soy: navegante, corredor de autos, piloto, astrónomo, músico y escritor como más significantes. También hay un bombero en la lista, un dibujante, un periodista y un mecánico. Me interesaron durante algún tiempo pero, por alguna causa justificable o no, quedaron en la lista de "por hacer".
Entonces, puedo hablar de todos esos temas con cierta solvencia, sin realmente tener mucha experiencia o autoridad práctica: jamás navegué a vela, nunca corrí una carrera en un circuito profesional, nunca volé un avión, jamás me senté a contemplar el frío firmamento detrás de un telescopio de verdad, como músico soy un buen escritor y como escritor soy buen músico. Fui por muy poco tiempo bombero, mis dibujos merecen las llamas, mis intentos periodísticos jamás vieron la luz y como mecánico soy un recurso desesperado.
Uno nunca quiere renegar de ninguna de esas aspiraciones pero llega el día que sabe que debe aspirar a lo que puede y que no siempre hay ocasión de ser Popeye el Marino, Chuck Yeager y Hemingway al mismo tiempo (a veces, ni en la misma década). Peter Pan nos acosa siempre, y no faltará quien me vea fascinado con la vista del cielo de Google Earth, haciéndole un ajuste de bujías al auto o escribiendo en este blog.
¿Por qué pasó esto? En algún lugar del camino opté o tuve que aceptar ser otras cosas que no estaban en carpeta. Algunas fueron buenas, otras no tanto. Sin embargo, mi cabeza sigue pensando en función de aquellas viejas ambiciones, lo confieso. Intento que no provoquen daño a los demás, porque nada hay más dañino que alguien que se queda a mitad de camino.
Me pasa seguido con la música: me invitan a participar en una banda y la mitad de los comprometidos están en algo que los demora: familia, trabajo, amigos, un partido de fútbol o boludeces varias. A veces, yo mismo termino en esa historia, como me pasa con La María Cé, que convocó para T.E.Lit.A hace bastante y no termino el relato para poder cumplir con ella.
Peor aún están los que quieren vivir todas las vidas pero, conscientes del esfuerzo y los sacrificios que implica ir hasta el final de un sueño, saben de antemano que van a renunciar en cuanto se ponga complicada las cosa. Mientras tanto, juegan al camino de los sueños pero siempre vuelven al carapacho seguro si hay tormenta. Intentaron ser pilotos de pruebas muchas veces, pero en cuanto les dijeron para qué sirve el paracaídas prefieren el Microsoft Flying Simulator.
El riesgo de hacer peligrar el compromiso al que llegamos con nuestra historia, el miedo a arriesgar los beneficios obtenidos, la mera panchez de no esforzarse demasiado (porque a veces, no hacemos lo que anhelamos por simple paja), o ese horror vacui que da el cumplir metas, lo que sea. Siempre hay una buena razón cuando se es apóstata regular.
Hay profesionales del abandono: los que dicen gustar de los alfajores pero sólo se comen el dulce de leche y dejan las tapitas, los que van a la cancha sólo cuando el equipo está por salir campeón o los que cuando se les pone incómoda la complejidad del otro se vuelven frívolos de repente. Hay muchos tipos distintos de gente hábil para bajarse del caballo y también hay niveles varios de profundidad en las situaciones de las que la gente que quiere durazno pero no se banca la pelusa resuelve desafiliarse.
Podría enumerar quince mil ejemplos, pero tengo que ir a "volar" con el MFS II.