18 abril 2008

Por veinte guitas

Hace algunos años, durante los primeros años de Menem, el padre de un amigo se la pasaba mirando el programa Desde la Bolsa en Directo que emitían entonces en Cablevisión Noticias todas las mañanas hasta el cierre de la ronda, atento al índice Merval, los récords de totales negociados y esas cosas. El buen hombre no tenía un solo cabello de economista, no poseía valores ni entendía siquiera someramente qué significaba ese fárrago de cotizaciones a futuro, letras por vencer, títulos de deuda y presentaciones de balances. Pero seguía el "minuto a minuto" de ese programa como si tuviera en sus manos millones de dólares en acciones. El "riesgo país" lo tenía casi al borde del infarto, a la expectativa de si, al final del día, anunciaban una maligna suba de algunos puntos. Si había récord de total negociado, el buen humor lo acompañaba hasta el día siguiente.
Era otra víctima de los medios: elípticamente, de lo único que hablaban (Clarín, el primero) era de la sensación de alivio que les daba que Menem estuviera haciendo las cosas como las estaba haciendo y que sus patillas se acortaran al ritmo amuchasteguiano de las genuflexiones ante el establishment económico (de la mano de los Alsogaray y Cavallo) y hemisférico (de la mano de Di Tella). Declaraba como parte del primer mundo al país y los capitales llegaban (eso decían los economistas omnipresentes, entrevistados en todas las radios, los diarios, la televisión, y -también- en el incipiente TN) gracias a la seguridad jurídica impuesta por el gaucho riojano, que como cualquier Urquiza tuvo un Mitre para hacerlo creer patricio.
Todo esto no dejaría de ser meramente anecdótico si no existiera la paradoja de que el tipo había optado recientemente por el retiro voluntario de una empresa estatal y engrosaba las filas cada vez más largas de desempleados que Menem y sus sufragantes (incluído el núcleo duro que lo hizo llegar al ballotage con K.) nos legaron.
Porque las cosas no pasan porque sí, en democracia. No es culpa de TN, no es culpa de Cristina. Es culpa de los argentinos, de quienes siempre nos olvidamos.
Hoy, poco singularmente, pasan otras cosas. Pero los argentinos seguimos siendo los mismos pelotudos de siempre.

(ignorar si se quieren los links anteriores pero leer con atención, por favor, esta nota relacionada)