28 abril 2008

Maledetto

Como había dejado constancia en esta páginas electrónicas, la semana había venido complicada. Intentando descomprimir, decidí acabar algunos libros que tenía a la mitad y le tocaba el turno a Trífero de Ray Loriga.
La lectura venía bien, aparentemente descomprimida. Loriga es un narrador excelente, capaz de filtrar sus humoradas cargadas de cinismo sin volverse demasiado omnipresente como narrador-personaje. En fin, era fácil de llevar.
Sin embargo, a medida que íbamos arribando al final del relato, las brumas de la melancolía empezaban a ganarle la partida a la tibia ironía que yo buscaba. Esperaba que Loriga le pusiera combustible al sol pero las penumbras previas, envalentonadas por un final de novela melancólico, aprovecharon para tomar por asalto el domingo.
No es culpa de Loriga, lo sé. No tengo por qué matar al mensajero pero no voy a dejar de maldecirlo.