25 abril 2008

El peligroso solipsismo del poder.

Todos los años, la desertización de los suelos del Salar de Pipanaco y zonas aledañas, en un proceso que tiene bastante de natural por la disposición geomorfológica del lugar y su árida meteorología (seguramente agravada por el hombre), hace que llueva tierra sobre la ciudad de Belén, a doscientos kilómetros de la capital de Catamarca. Literalmente: llueve tierra. Los días se ponen marrones, la gente se abstiene de ciertas exposiciones inútiles al polvo y protege las puertas y ventanas para evitar -difícilmente- que entre en sus casas. A veces, el viento lleva la tierra para la capital provincial, sobre todo en los meses de primavera.


No digo que no sea malo lo del humo, digo que dejemos de exagerar. Y es patético como argumento político, porque ya nos advirtió tanto Orwell de estas cosas que hasta provocan el efecto contrario.


(Foto del Club de Planeadores Los Caranchos: la flecha señala al nevado de Famatina, al sur. Al nor-noreste -casi a espaldas del que sacó la foto- está el famoso nevado de Aconquija, ambas bellezas naturales candidatas a perder su capuchón nevado por el calentamiento global. El Salar de Pipanaco es uno de los reservorios de agua potable subterránea más grandes del mundo; es usado casi exclusivamente por Minera Alumbrera (la mina a cielo abierto más grande de América Latina y una de las más grandes del mundo) tanto para tomar el agua necesaria para la producción y el funcionamiento del mineraloducto -que saca la producción desde el ferrocarril al puerto y al extranjero- como para contaminarla con las filtraciones de arsénico y otros venenos al río Amanao -única fuente hídrica superficial en el desierto-. Mientras el mundo gasta fortunas en aguas mineralizadas artificialmente, Catamarca permite su desnaturalización a cambio de unas monedas -aunque la Minera acusa que el agua es su materia prima más onerosa, pues debe trasladarla desde los pozos de su propiedad por más de trescientos kilómetros de montañas y valles y le sale carísimo. Pobre gente-.)