07 febrero 2008

La estupidez está en todos lados

Hace un par de semanas, Lucho Bordegaray escribió un par de posts en sus blogs con su opinión personal sobre el ya famoso tema del raje de Macri a Graciela Casabé (¿quién no recibió el mail?) y otro sobre el streptease ideológico de Sandra Russo en Página/12. Muchas personas interactuaron en los comentarios y el debate se fue dando. La cuestión es que se le reprochó a Lucho aguijonear a los de "este bando", cuando debiera estar mejor criticando a Macri o perdonándole la vida a la "buena" de Russo.
La posición es embromada porque uno sabe que siempre sobrevolará el fantasma del estalinismo sobre los que vemos la viga en el ojo propio, con su máxima que dice "cualquier crítica a los de tu palo es contrarrevolucionaria y merece paredón, con borrado de nombres en los anales de la historia", o algo más exagerado aún que eso. Claro, máxima robada a Napoleón (no es casual que Orwell haya llamado al líder de los cerdos de "Rebelión en la Granja" así) y que ha sido detentada por todas las revoluciones, pero llevada al grado de trágica parodia moderna por Stalin (estoy rozando la ley de Godwin, lo sé).
Bueno, tanto lío para repetir que desde hace años me vengo peleando con Greenpeace. Algunas de sus campañas han ido de pésimas a notablemente funestas. Y siempre les molesta la controversia. Nadie puede criticar, o es parte de la "campaña en contra de Greenpeace".
La de hoy fue la peor de todas. ¡Y me llamaron en el último mes tres veces para pedirme guita! ¿Para romper lamparitas? La última persona que me llamó me dijo que estaban en "urgencia económica" ¿No es más fácil decirle a la gente "Colabore con Greenpeace. No nos dé su dinero. Cambie sus lamparas incandescentes por lámparas de bajo consumo" y ya?.

Cada día admiro más a Orwell.

(Y no me olvido que se borraron de Gualeguaychú, sospechosamente).