12 febrero 2008

Desbalance

Desde que los blogs han empezado a hacerse notar (por la calidad de los contenidos, la cantidad de comentaristas, o lo que sea que llamó la atención de los que estaban distraídos) hubo una parte de la sociedad (económica, cultural y social) que comenzó sus ataques con furia a la novedad. Los argumentos son muchos (si el tema te interesa, lector, algo habrás leído).
Algunos avances tecnológicos o cambios paradigmáticos que facilitan o mejoran el acceso a la libertad de expresión provocan el histórico fastidio de quienes manejan la compuerta (o el negocio) a ese derecho, y combaten la novedad con los mismos argumentos. Sin irnos por las ramas orwellianas (tentación tengo, porque es un análisis que no respeta ideologías) quiero dedicarme primero a otras consideraciones que comparten cierto tufillo.
La cantinela que se repite desde hace siglos (y que se usa más o menos desde que se creó la escritura) es que no es bueno darle al vulgo la potestad de (d)escribirse a sí mismo.
Puede trazarse una línea bastante derecha entre ciertos vaivenes de la historia (tales como caídas de monarquías absolutistas, dictaduras, oligarquías, feudos) con estos cambios, confundiéndose a veces causa con efecto y dibujando algunas curvas cuando acción y reacción fueron particularmente violentas.
Lo cierto es que las cosas se fueron poniendo calientes cada vez que un Gutemberg inventara algo o que un paje dijera que el rey va desnudo en www.idontlikeyouinthatway.com.
Al final, las crisis provocadas por dicho acceso mejoraron la vida de millones de personas de manera exponencial, pero el recurso de cascotear nunca se pierde:

  • dóciles esclavos aprendiendo (creyéndose sujetos de) derecho,
  • dóciles ovejas arrobadas (escandalizadas) por el Cantar de los Cantares o el Eclesiastés,
  • dóciles mujercitas hablando de (frivolizando la) política,
  • dóciles lectores (garrapateando) escribiendo
  • dóciles consumidores dudando (saliéndose) del libre comercio,
  • dóciles proletarios haciendo oír (exagerando) sus reclamos,
  • dóciles votantes pidiendo cuentas a sus (salvadores) dirigentes
  • libros (no), alpargatas (tampoco)
  • dóciles siendo indóciles
  • el orden volviéndose caos
  • la patria, disolviéndose
La lista es enorme, y difiere un poco por épocas, lugares y grupos sociales, pero más o menos terminan todas en lo mismo. La parte orwelliana que quería evitar hace un rato dice que tanto la derecha como la izquierda usan esos argumentos. Cualquier grupo de poder que asuma actitudes similares está protegiéndose con un oscurantismo que a esta altura está bien identificado y debiera rechazarse cualquier intento leve o grave de recuperar la dialéctica del you can't handle the truth! o similares. Claro que eso no lo vengo a descubrir yo, pero hay tanto inteligente que cree que los costados, el centro, arriba o abajo de la política no tienen nada que ver con criticar los blogs que nunca está de más decirlo.
Defiendo a los blogs, a las redes sociales, a wikipedia y un largo etcétera como herramientas de expresión y difusión de ideas y conocimientos, como defendería cualquier medio similar, (incluso el viejo y querido mimeógrafo). Sí, los defiendo a pesar de que me consta que la mayor parte de los contenidos son totalmente insustanciales (este blog reviste en esas filas) y que lo que abunda es la estupidez supina (espero no estar ahí).
Alguna crítica que viene de los medios masivos y que alude al estado de permanente catarsis de algunos autores de blogs es aviesa: ellos mismos dirigen toda su política periodística y editorial hacia la catarsis pública (eso explica la "agenda" actual sobre los accidentes de tránsito), con el consiguiente peligro de no ser mero reflejo sino motor de una histeria masiva enraizada en otras cuestiones más frívolas (¡Qué fácil es! ¡Chupate esa mandarina, Ñ!).
No todo en los blogs es bueno, nadie descubre nada nuevo diciéndolo. Pero así es la vida. Mayormente me avergüenzo de la prensa -por ejemplo-, sin embargo lo único que puedo hacer para cambiar eso sería dejar de leerla (lo que suelo hacer, con intermitencias) y/o hacer mis propias consideraciones y exponerlas.
En eso estamos.