26 febrero 2008

El mercado del hambre

Cuando leemos que Estados Unidos mantiene la soga al cuello de Cuba con la excusa de la democracia, el libre comercio y la mar en coche, pensamos en qué cosas podrían estar pasando en la isla si no hubiese habido una revolución o si ésta hubiese sido una asonada típica de países bananeros:
Acabo de leer en El Mundo que en Haití están comiendo "pan de tierra" para mitigar el hambre que están sufriendo los más pobres. Empezó haciéndose con una arcilla comestible, pero la demanda elevó los precios de ésta y ahora los fabricantes han debido recurrir al barro macuco, simple y pletórico de mierdas varias (las leyes del mercado -compra y demanda- son tan universales que asustan).
Los niños no sólo no se están alimentando, están incorporando gérmenes patógenos que afectan superlativamente su desarrollo. Fábrica de pobres, fábrica de gobernantes corruptos.
Todo esto, en un país que fue el segundo estado independiente de América: después de más de cuarenta años de Papa y Baby Doc, subvencionados y sostenidos en el poder por Estados Unidos para que permitieran la búsqueda de petróleo en la isla y sus alrededores, hoy comen barro. Lo mismo pasará con Irak, Afganistán y todos los países atrapados por la garra mortal de los intereses económicos, disfrazados de "políticas de estado".
Pero es bueno que eso ocurra lejos. Acá nos encargamos de limpiar la vista con topadoras y listo. Que el subpueblo (al decir de Cordwainer Smith) vuelva al submundo y se deje de joder. Pobres y desplazados habrá siempre, pero no en Belgrano C, qué carajo.