05 enero 2008

Nadie vio Matrix

Esta mañana tuve miedo de que alguien me apuntara con una automática en la cabeza.

¿Se acuerda ud. del personaje de Matrix (sin revoluciones ni recargas, la primera) al que acusan de chulo digital (digital pimp), Mouse?
A las ocho de la mañana las veredas de las calles adyacentes a las grandes avenidas del macrocentro porteño (esas veredas-vereditas tan típicas de toda vieja ciudad colonial) se vuelven territorio indiscutido de los porteros de edificio, que se afanan en que los vecinos vean -a esa hora que casi todos salen a trabajar, llevar a los chicos a la escuela, o hacer las compras- su esforzado esfuerzo. Baldean, lustran, transparentan, plumerean, y todos los menesteres del oficio.
Se adivinan los códigos que, cada mañana, los encargados intercambian casi en silencio, de puerta a puerta. Nada de lo que pasa en sus dominios -veredas, zaguanes, halls- les es indiferente (aunque pueden ignorar activamente al del 4º A por una vieja pasada de cuentas al administrador y cerrarle la puerta sin querer cuando viene con doce bolsas de supermercado a cuestas).
Saliendo a los piques -como siempre- para el trabajo, iba yo haciendo fintas entre esos porteros afanosos (manguereaban veredas, se hacían bromas de edificio a edificio, o estorbaban indolentemente, participando de las bromas de los otros encargados con la misma indiferencia activa que usan para el del cuarto ¿Se reirían de él los otros dos?, no sé), cuando noté que se quedaban serios mirando hacia el mismo lugar, con una torva mirada lasciva: una mujer rubia vestida de rojo caminaba apenas a veinte pasos delante mío. Vi como, también, los fleteros, taxistas, kioskeros, verduleros, todo macho suelto, ponía la misma cara de imbécil.
Sólo eso: rubia -el pelo suelto-, pálida, zapatos de tacón mediano como mediana era la edad, la contextura y la belleza; con un llamativo vestido rojo carmesí. Vestida de beige no hubiese merecido ni un reojo.
Ahí mismo recordé Matrix.