05 enero 2008

Ahora pueden odiarme.

Aparte de haber dicho hace rato que no me gusta Mars Volta ni The Who, de acá en más juntaré odios de otro palo: el pop.
Digan lo que digan, para mí siempre fue más Cindy Lauper que Madonna. Los que compran el producto Madonna dirán que están satisfechos. Me alegro por ellos.
Tampoco me gusta Britney y siempre me incliné más por Cristinita (ojo, a un nivel muy básico, pues no aprecio la música -o eso- de ninguna de las dos). Pero ahora mi corazón se rompe por la pobre Britt. Es doloroso lo que le pasa y espero que se recupere.
Igual, estoy en contra de simpatizar con alguien porque sufra. Puedo sentir pena, pero no aprecio por el doliente. Parece que hay un aura de respetabilidad en el dolor, una cierta legitimización que es enfermiza. En esta sociedad que valora el éxito por sobre todo también ama a los mártires de la fama. Ser exitoso y sufrido es el epítome de la imagen pública.
Mejorate, Britney, recuperá los chicos y, si es posible, sé feliz. Tocá fondo, salí a flote y sé mejor que esa cosa tan chiquita que es Christina. Si no te sale, sé buena en lo que te toque, que no es poco.
Ése es mi deseo para este 2020.