07 diciembre 2007

Meditaciones sobre la coraza social

Tengo entre mis relaciones gente poco afecta a los encuentros sociales. Meditando dentro del incómodo cartucho de metal con ruedas pintado de amarillo, negro y rojo que me lleva al laboral, sostengo que el problema no es la ausencia de sociabilidad del irritado fugitivo de reuniones sino el exceso de ella.
Así como podemos estar tristemente solitarios en un grupo de alegres comensales también podemos estar cómodamente solos en compañia. No es la gente lo que cansa a mi querida gente a prueba de gente, sino tener que soportar sus aburridas neurosis burguesas de Revista Para Tí.
Convengamos, no hay nada peor que vivir la pesadilla de otro en la que uno no es más que un miembro del coro, repitiendo "sí, qué tiempo loco", "sí, qué loca está la gente", "sí, la juventud no es lo que era" (eso seguro, viejo de mierda), cuando más se quisiera es estar en soledad hurgándonos los mocos, leyendo un libro o frecuentando a la gente con quien se puede abandonar la pátina social y ser uno mismo de una vez.