14 diciembre 2007

A destiempo.

Colectivo sesenta, viernes, seis y pico de la tarde. Todos nerviosos, hace calor y la amenaza de lluvia que no se concreta nos crispa más los nervios.
El ómnibus es de esos que tiene solamente dos pares de asientos enfrentados a la izquierda del chófer, un gran lugar para el público a granel al medio-derecha y después de la puerta de descenso una especie de VIP en el que se sientan los que tienen ganas de luchar por un asiento.
Normalmente voy semi sentado en ese caño amarillo que tienen casi todos estos vehículos en el espacio para el ganado (ignoro su nombre, utilidad específica y cualquier otra seña más precisa que darles) y sólo ocupo un asiento cuando va casi vacío o tengo para leer, pero hoy -torpemente- he olvidado meter algún libro de los en proceso (cosas tan disímiles como Lolita de Nabokov o El Negrero de James Nelson) en el bolsito y me entretengo mirando a la gente.
En los asientos de adelante (los enfrentados) hay tres hombres sentados y una sola mujer del lado de la ventanilla, mirando hacia adelante. Los hombres tienen pinta de ser gente volviendo de trabajos mal pagados, pero ella es claramente una representante del lugar, una concetta de Reconcetta o Palermo. Tranquilamente podría haber hecho el raid en taxi, pero ahorrarse los quince mangos quizá le permitan algún servicio extra en el spa.
Sube familión del altiplano: primero la madre con una bebé recién nacida. La mujer, en cuanto percibe que el único hombre que puede darle el asiento está a su lado (los otros están de espaldas) empieza a girar la cabeza buscando a alguien que obligue a esos jornaleros de a tres pesos la hora, transidos de cansancio, a que no la pongan en la obligación de levantarse.
La liberación femenina siempre se saltea estas cosas: a mi amigo correntino, en un paseo con amigos y amigas en una noche que de repente se puso fría le espetaron un ¡parece que ya no quedan caballeros!. Contestó con simples matemáticas el muy ingeniero: caballeros hay, lo que faltan son camperas. En fin, como siempre ocurre, las más indicadas para criar un hijo machista suelen ser las mujeres. Lo he visto tantas veces en madres tan liberadas. Es el miedo a criar un homosexual, me parece. Como si dependiera de eso.
Sigo. El compañero de asiento capta la muda indignación y se levanta, cediendo el asiento a la madre. Detrás viene el papá, con otro niño de no más de dos años aupado, y una nena de cuatro de la mano. Uno de los hombres, aún de espaldas, cogotea siguiendo la línea de visión de la cómoda pero indignada apóstata y ve al pobre hombre, debatiéndose. Le cede el asiento casi instantáneamente.
La concetta se relaja. Dos cuadras después, el jornalero que estaba frente a ella se baja en Scalabrini Ortiz. La pobre nena (bastante flaquita), que iba de un lado para otro con las frenadas y arranques de esos colectivos fórmula uno (encima, manejados por gorilas), se le sienta enfrente.
La mujer queda rodeada, casi en intimidad, como una tía rica, con la familia de proletarios extranjeros (pero hermanos americanos, no olvidar). Un rictus involuntario le ha quedado relente del vespertino mal momento.
Entonces, según informa el testigo presencial:
  • Nene en brazos de papá pide coca.
  • Papá de nene hace aparecer bolsa de supermercado con gaseosa de dos litros y destapa.
  • Papá -flor de palurdo, papá- apunta pico a boquita de criatura y trata de hacerla tomar de ahí.
  • Nene en brazos de papá se atora por gas de gaseosa y ésta sale a borbotones de nariz.
  • Nene llora con chillido agudo que provoca más fugas de líquido espumoso por nariz.
  • Papá tapa gaseosa muy calmado.
  • Nene vomita sobre camisa de papá comida de última semana, con aderezo de salsa coca cola.
  • Papá reacciona, reta a nene y nene llora más todavía, entre borbotones de guiso, milanesas y más coca.
  • Nena se asusta. llora por simpatía o ante memoria emotiva por reto paterno, y sale disparada a falda de mamá, que aprovechando ocasión de estar sentada había empezado maniobra de descubrirse pecho para alimentar a bebé.
  • Nena choca con bebé, que se asusta a su vez y llora.
  • Todos gritan.
  • Mujer reconcetta sale disparada de su asiento en carrera poco grácil y totalmente indigna hacia fondo del colectivo, tratando de poner distancia de eventual y muy fugaz tiazgo.
  • Alguna gente mira con desaprobación a mujer, que parece estar avergonzada, enojada y ofendida.
  • Testigo busca contacto visual con mujer que entre pudorosos reojos lo ve. Aparte de otras cosas, ve odio en esos ojos.
Es difícil ser bien en Buenos Aires. Esperemos que Macri haga algo.

Lo peor de todo es que hay gente que espera eso.