09 noviembre 2007

Casas marcadas

Una vez, no sé donde, me mostraron un edificio de diseño bastante extravagante: no había ventanas con ángulos rectos, eran paralelogramos irregulares, sin ningún patrón. Algo así como el mundo de los muertos de Beetlejuice, forzando perspectivas y rincones.
Una visión más prolija me hizo ver que, sin embargo, del lado de adentro las ventanas eran perfectamente regulares, más pequeñas y estaban contenidas en los estrafalarios dibujos externos. Desde adentro no era más que otro edificio común, otro palomar de seres humanos.
Hay mucha gente así, alocadas por fuera pero regulares, pequeñas y comunes por dentro.
Me excita pensar cuántos departamentos hay que por fuera no son más que casitas más o menos apiladas según el código urbano pero que en su interior resguardan cosas verdaderamente importantes.
Tal vez un pequeño ambiente pueda cobijar toda una ciudad aunque sólo quepan dos personas, y que en una persona pueden desarrollarse varias vidas.
O creo eso, o me muero.