26 septiembre 2007

Nubes

Cuando me topé con el tumulto pensé en esquivarlo. El fastidio que me domina cuando camino por las veredas angostas del centro se vuelve furia desbordante si encuentro una muchedumbre en una plaza que intuyo un sosiego a los codazos y las esquivadas.
La multitud mira hacia arriba, señala. Me orillo y sorteo el grueso de la masa. De casualidad atisbo, justo cuando casi quedan detrás de mi camino, de mi vida -y de mi memoria-, al hombre que justifica este espontáneo corral humano. Está sentado ante un escritorio, con gafas gruesas y un cartel que no alcanzo a leer desde mi ángulo oblicuo. De espaldas a la muchedumbre, cada tanto señala indolentemente (es un ademán más parecido al de Moisés cuando hacía de radio transmisor de Dios a los judíos) y dice con voz cansada: "Una vaca... llena de protuberancias cárnicas... iluminada como por un varilight tornasolado" (el argot es necesarísimo).
Decenas de manos latiguean al aire, hasta que uno grita: "¡Allá, arriba del edificio del Banco Social!".
Conozco al personaje: es un escritor, director de cine, músico y performer, mimado por la crítica y las revistas de cine, teatro y el mundo de las artes en general. Mana de él un pringue snob que se adhiere por contacto, irremediablemente, a quien ose (y consiga) permanecer algún rato en su compañía.
No veo el cartel, repito, pero sí muy bien los rostros de los que miran hacia arriba. Gente de cine, estudiantes y actores (no sé por qué, pero sé muy bien que no hay iluminadores ni sonidistas). Hay estudiantes de teatro, periodistas culturales (y culturosos), de espectáculos-chimentos (son los únicos que miran más bien poco al cielo, entretenidos en descubrir si la joven actriz de buenas tetas -capaz de sacarle últimamente las gafas al artista cuando le da la gana- está por los alrededores) y los siempre innecesarios curiosos que confluyen cual materia oscura cuando las estrellas hacen presión gravitacional (es al revés, las estrellas existen porque hay bobos que les dan masa crítica, en realidad). Son los más animados.
De tan snob no soy nada snob y no me interesa el contacto pegajoso, pero me intriga el cartel. Corrijo mi trayectoria unos ciento diez grados y logro pararme casi en frente del escritorio. El cartel dice:
Hoy es un día exquisito para ver las nubes.
He visto dos perros, un barco antiguo
(y a mi abuela Reina).
¿Serás capaz de decirme qué ves?
En un libro de actas, la gente va dejando sus impresiones. Un par de cercanos al artista impiden que los cholulos jodan con autógrafos.
Me doy vuelta, sin mirar arriba del Banco Social. Sobre una calle lateral a la amplia plaza estacionan unas combis blancas, con grandes esténciles y gigantografías con los logos de los principales canales de televisión.
Me alejo, sonriendo.