21 septiembre 2007

Perdón

Hoy termina la temporada fría. Sepa cómo el perpetrador del presente blog (y su versión RSS) vuelve un hecho tan esperado y celebrado por el grueso de los habitantes del sur (iba a decir culo) del mundo en una confusa y triste perorata.


Este 21 de setiembre (con más precisión astronómica, el 23; porque por el bamboleo del eje terrestre se atrasa un poco el acontecimiento) la eclíptica coincide con el ecuador, dando lugar al equinoccio vernal en el hemisferio Sur, ocasión que marca el inicio del día en el Polo Sur y el comienzo también de la estación primaveral para todo el hemisferio. Es uno de los dos días anuales con 12 horas exactas de día y noche.
La mayoría de las civilizaciones antiguas estaban atentos a este acontecimiento, pues marcaba el fin de la temporada fría y la reactivación de los procesos naturales detenidos por el invierno. Calor, deshielos, inundaciones que fertilizaban y preparaban los campos, insectos, flores. Época de siembras, cosechas, apareamiento del ganado.
Para estas civilizaciones, asombradas primitivamente por la regularidad de estos hechos que escapaban a la fatuidad humana, predecirlos era fundamental. Persas, Egipcios, Grecorromanos, Aztecas e Incas dominaron la mecánica de equinoccios y solsticios y tuvieron una ventaja competitiva.
Todo muy lindo.
Ahora bien, no soy astrónomo, no soy un antiguo persa, ni una antiguo egipcio, ni grecorromano, ni azteca o inca. No cultivo la tierra, no tengo vacas ni -por Eru- colmenas.
No depende ninguna de mis actividades de deshielos, de que el día sea largo o viajar al Polo Sur. Menos aún, me son particularmente molestas las inundaciones y me dan algún temor.
El calor me fastidia, no suelo concurrir a infiernos de balón volea (como les decía Isaac Asimov a los lugares de esparcimiento vacacional estival) y la más ligera exposición solar me desata rinitis muy molestas, por no mencionar que quedo como un salmón en menos de veinte minutos. Sí, aún con factor solar 2.000.000.
Y todavía no hablé de las insoportables alergias...
Me gusta el frío, la lluvia, las noches largas, tomar sopa y las hojas amarillas de los árboles.
Entiéndanme: no tengo nada que festejar. Se acabó la mejor época del año.
A ver cómo sobrevivo.



(Muy a propósito les dejo este temita)