09 agosto 2007

Un Mundo Feliz

No puedo imaginar un mundo peor que éste. Porque éste mismo no es peor, y debería.
Hay cosas que están agarradas con chinches, o con moco, y no se caen. Cuestiones que rozan la burla, el escándalo, la comparsa y el paso de comedia -trágica-.
Que las mentiras se sostengan tanto -y sostengan a tantos- justificando una democracia que, si faltara, nos obligaría a matarnos entre nosotros o alguna cosa parecida; que no nos hayamos cocinado todavía en una guerra última pletórica de radiación y cucarachas, y apenas matemos unos cientos de miles de personas entre guerras por recursos no renovables y limpiezas étnicas. Que Bush no nos invada todavía, que Chávez tampoco. Que apenas quede petróleo y Mad Max esté lejos. Y con Waterworld cada vez más cerca, que haya un Protocolo de Kyoto.
Habrá gente que crea que este mundo puede ser mejor, precisamente por esas mismas cosas. Gente que termina olvidando las mentiras incumplidas de sus gobernantes, ignorando los riesgos del holocausto nuclear, aliviándose que Irak quede lejos y que Chávez compre bonos argentinos y se haga el gracioso. Que EE.UU. por fin firmará el Protocolo cuando sea la noche antes del Día después de mañana, pero tengan la solución guardada desde hace años.
El mundo no puede ser peor. Este es el peor mundo posible.
Cuando el ataque a las Torres Gemelas los periodistas no se cansaban de decir que ése era El día en que el mundo cambió. Con eso no hacían más que demostrar su enorme ignorancia y candidez. No hay manera de cambiar este mundo. Lo que estaba ocurriendo era la consecuencia de una complicada linea de acciones que casi siempre salen bien. Este mundo debería haber tenido cientos de 11 de septiembre. Y sólo tuvo uno. No jodan.
Circunstancialmente, si no sos un etiope anuak en peligro de limpieza étnica, o un parado con hijos, o un desalojado en plena oleada de frío polar, el mundo te parece algo soportable. Y que podríamos estar peor.
Con suerte, la próxima vez que algo salga mal nuestro prójimo será la próxima víctima.
Y sálvese quién pueda.