25 abril 2007

No vengas que me voy

El amigo Fodor Lobson detesta que lo llamen al teléfono en horas almorceriles (estoy leyendo demasiado a Gerund) y se cabrea fácil sólo por eso.
Mi temor insoportable es que me caigan sin aviso. No importa quién: familia, amigos, deudores, acreedores, potenciales clientes, clientes con trabajo pendiente, etc. Avisen primero, che, así me escondo.
Y la mayoría de las visitas suelen ser para comerle el cuero a Pepito, que hizo algo (suele ser importante, pero también algo bizarre -Gerund, otra vez, nos dio una clase del uso de esta palabra, así que la ingleso, para que tenga el sentido correcto-), y el morbo es tal, que salen desesperados a comentarlo y, sobre todo, a buscar detalles:

Riiiíng!!! (En realidad el mp3 -cortado por mí- de "Green Onions" de Booker T & the MG's)

Yo: ...
Él/Ella: ...
Yo: ... (tengo una cosa con los que llaman a celulares y esperan que contesten del otro lado)
Él/Ella: ¿Hola? ¡Fender!
Yo: Sí, el mismo. Qué hacés...
Él/Ella: Acá estoy, saliendo de (un lugar peligrosamente cerca de casa) y pensaba en ir a visitarte.
Yo: Uh, qué pena. Estoy saliendo...
Él/Ella: ¿Sí? Siempre te agarro saliendo.
Yo: Es que no estoy en casa, casi.
Él/Ella: Bue, dale, lo dejamos para el fin de semana, si?
Yo: OK
Él/Ella: Che, qué onda... ¿viste lo de Pepito?

Digresión 1: Este es el motivo real de la visita. Nada de preguntar si el conejo me come bien, o si pude sacar "Manuelita la tortuga" en la guitarra. Este/a no aparece el fin de semana. Zafé.

Yo: Ajám...
Él/Ella: ...
Yo: ¡QUÉ!
Él/Ella: ¿Qué pensás?
Yo: Nada. Es su vida.

Digresión 2: si el que llama me conoce, sabe que me vuelvo esquivo porque sé guardar muy bien los secretos contados en confianza. Eso atiza su curiosidad y trata de minar mi resistencia. Empiezan a ponerse cargosos.

Él/Ella: ¡Dale, contá, boludo, qué te dijo!
Yo: Me contó qué hizo. Y mucho no me acuerdo, ahora. Boludeces, ya sabés como es.
Él/Ella: ¿Sabés que se enteró Paquita?
Yo: Sí.
Él/Ella: ¿Cómo sabés?
Yo: Porque ella me contó.
Él/Ella: Pero al final vos estás en todos los puteríos.
Yo: Si, como cuando me contaste aquello y yo no conté nada a nadie.
Él/Ella: Si, che, te agradezco. No tenía a quien decírselo.
Yo: No, gracias por confiar en mí.
Él/Ella: Pero, ¿vos no le dijiste a Pepito lo que dijo Paquita cuando se enteró?

Digresión 3: Mis amigos saben (muchos de ellos por experiencia propia) que no llevo ni traigo chismes, entre otras cosas, porque aparte de ser respetuoso de la confianza que se me deposita, ME LOS OLVIDO.

Yo: No.
Él/Ella: ¿Pero porqué? ¡Si Pepito se muere por saberlo!
Yo: Que vaya y le pregunte.
Él/Ella: Pero ni él va a ir, ni ella va a decirle nada.
Yo: Exactamente. ¿Para qué meterme?
Él/Ella: Sos un insensible...
Yo: Tal vez. No más que Paquita y Pepito, que tienen cosas para decirse y no se lo dicen.
Él/Ella: Bueno, ¡habrá que darles una mano!
Yo: Mirá, yo todo lo que puedo hacer si Pepito me pide, voy y le pregunto a Paquita qué piensa. Pero me parece medio pelotudo. Qué vayan y hablen ellos, soy un desastre como teléfono: me olvido la mitad de las cosas.
Él/Ella: ¿Y vos qué pensás de esto?

Digresión 4: Mis amigos, otra vez por propia experiencia, saben que nada de lo que se me dice cae en saco roto. Que escucho, analizo, pregunto, repregunto. Y a veces (casi siempre, eh!) no me convenzo del todo. Digamos, intento sacarle la costra neurótica, a veces con resultados bastante malos.

Yo: ¿De que me tengan que usar de teléfono? Una cagada.
Él/Ella: ¡No! De la cuestión...
Yo: Mirá, es complicado. Primero, porque ni vos ni yo sabemos realmente qué pasa. Segundo, porque Pepito me pidió que no diga nada, y no voy a decir nada. Y tercero, porqué no vas y le preguntás a Pepito y a Paquita qué podés hacer por ellos, ya que tanto querés hacer.
Él/Ella: Al final, no se te puede preguntar nada.
Yo: Sí, es así. A ver si encima un día me contás algo y se lo cuento a todo el mundo.
Él/Ella: Nah ¿vos no lo harías, no?
Yo: Seguí jodiendo, vas a ver.
Él/Ella: Nos vemos el fin de semana.
Yo: Ojalá. Chau.
Él/Ella: Chau.