12 abril 2007

El Antipapa Reloaded

Parece ser que Ratzinger Z se mandó una nueva: renegar otra vez de Darwin. Al Látigo de Wojtyla la explicación de la selección natural le resulta sofocante, y recomienda a los católicos utilizar una visión más amplia sobre el tema. Para esta recomendación, no aporta ninguna nueva teoría a la luz de nuevos descubrimientos ni ningún nuevo elemento al debate. Otra vez invoca su tácita autoridad (nunca mejor usada la "falacia de apelación a la autoridad"), y se remonta a los tiempos del Obispo de Oxford, quien ya hacía el ridículo con Thomas Huxley.
Lo mismo que para los Testigos de Jehová, los Mormones y todo aquel que necesite un sostén sobrenatural para el mundo, la ciencia es incómoda.
Está claro que para cuestiones no resueltas, la ciencia pone delante de la misma aseveración la palabra teoría, con un pudor que mal se entiende, a veces. Mientras se prueba de manera determinante su validez, una hipótesis es discutible. Es saludable que así sea: la ciencia lo demuestra a cada paso, pues es su razón de ser. Por ejemplo, nadie cree ya que la Tierra sea el centro del universo. Salvo Ratz, claro. Pero Ptolomeo lo creía, en base a sus modestas observaciones. Incluso, Tycho Brahe. Hasta que Galileo, Copérnico, Kepler y Newton no definieron la mecánica celeste en una serie de reglas más o menos fijas, siempre hubo discusiones. De hecho, alguna de las últimas, se dirimieron con el uso de otra teoría: la de la relatividad. Los planetas no cumplen exactamente las predicciones newtonianas, pero si se les aplica una corrección relativista, si. Hoy en día, esta cuestión se utiliza más para afirmar la Teoría de la Relatividad, que para fundar la de la mecánica orbital.
¿Porqué rebuznan?: la navaja de Occam les niega la necesidad de un Creador, pues Darwin y otros enunciaron una teoría bastante bien fundada que no lo necesita.
Yo soy agnóstico, y no se me ocurriría decir: "la teoría de la evolución prueba la inexistencia de Dios". Sólo pone en duda la veracidad del Génesis, libro del que tendría muchas más dudas si hablara de sopas primordiales, rayos ultravioletas y mutaciones proteicas.
A veces los defensores de una posición son sus principales enemigos. Ratzinger Z confirma todas mis dudas y me hace pensar en si no conviene ser ateo, directamente.
Nunca mejor usado el dicho: "A llorar, a la Iglesia".