08 marzo 2007

Too many...

Las totoras y los sauces se hacían eco de la maravilla.
Un olor-tierra que seguro venía de la tierra, pero más de la lluvia. ¿Dije que caían gotas de plomo? Balas de agua señalando desde lo alto su punto de impacto con el trazo fragante del ozono azul, acribillándome. Mis ojos llenos de esas balas húmedas.

Mariposas. Miles de ellas. Un universo de ellas...

Mis tripas enredadas, una montaña verde, la pesada lluvia de otoño, olor a tierra mojada. No hacían falta las mariposas.
Estaba casi solo. Estaba solo.

No. No lo estaba.