15 marzo 2007

Qué es el amor.

Yo no sé muy bien qué es el amor. Para empezar, es un montón de dudas. Y entre esas dudas, algunas certezas. Cuanto más certezas, más tranquilo y liviano discurre todo.
Hay gente que, en lo que a los sentimientos se refiere, duda de todo: del pasado, del presente y del futuro. Uno puede estar inseguro del presente, por la propias taras de las que se hizo feliz poseedor a lo largo de los años. Inseguridades, recelos, heridas que no cierran.
Ni hablar del porvenir. Ya dije por ahí que el que no construya desde el presente, tiene el futuro en duda. Nadie está seguro del futuro, salvo que esté más o menos chalado.
Pero hay personas que no están seguras del pasado. Miran hacia atrás con miedo, porque tal vez envenenaron hace mucho lo que vendrá, este presente y los que le sigan, con incertezas, traiciones y mentiras. O las sospechan, con o sin razón.
Nunca tendrán futuro, salvo que tengan una epifanía. Una epifanía que, tarde a veces, les da una idea de qué es el amor, o de lo que se perdieron.

Dejaré que alguien, apenas Milan Kundera, explique por mí qué es el amor. Así termina "La insoportable levedad del ser", pero no le hace demasiado a la trama del libro. El fragmento casi se sostiene solo y por eso lo cito.

Tomás fue médico en Checoslovaquia, y por devenires que no viene al caso traer a colación, ya no lo es. Teresa fue su amante en Praga, o su novia. Ella nunca lo supo bien. Los celos y sus miedos alejaron muchas veces a Tomás, y fueron excusa para numerosas infidelidades, hasta que el exilio los separó temporalmente.
Ese mismo día, cuando volvía del establo, oyó voces en la carretera. Al acercarse vio el camión de Tomás. Tomás estaba agachado y desmontaba una rueda. Alrededor había un grupo de hombres que miraban y esperaban que Tomás terminase el trabajo.
Se quedó allí sin poder apartar la mirada: Tomás tenía un aspecto avejentado. Su pelo era canoso y la torpeza con la que actuaba no era la torpeza de un médico que se ha convertido en chófer, sino la de una persona que ya no es joven.

(...)

Ella se ocultó tras el tronco de un árbol para que ninguna de las personas que estaban alrededor del coche pudiera verla, pero no dejó de mirarle. Los remordimientos le oprimían el corazón: Por su culpa había vuelto de Zurich a Praga. Por su culpa se había ido de Praga. Y ni siquiera ahora lo dejaba en paz y, mientras Karenin se estaba muriendo, ella lo hacía sufrir con sus sospechas.
Siempre le había reprochado secretamente que no la amaba bastante. Su propio amor estaba para ella fuera de toda sospecha, mientras que consideraba el amor de él como simple amabilidad.
Ahora ve lo injusta que ha sido: ¡ Si de verdad hubiera sentido por Tomás un gran amor, hubiera tenido que permanecer con él en el extranjero! ¡Allí Tomás estaba contento, allí se le abría la perspectiva de una nueva vida! ¡Y a pesar de eso se fue de allí! Es verdad que trató de convencerse a sí misma de que lo hacía por generosidad, para no molestarlo. ¿Pero no era la generosidad tan sólo una disculpa? ¡En realidad sabía que vendría tras ella! Lo atraía cada vez más hacia abajo, como atraen las ninfas a los campesinos hacia los pantanos para dejarlos morir allí. ¡Utilizó el momento en que él tenía espasmos de estómago para obtener la promesa de que se irían a vivir al campo! ¡Cómo sabía engañarlo! Le hacía ir tras ella como si quisiese comprobar permanentemente que la amaba, hizo que fuera tras ella hasta llegar a este sitio: con el pelo cano, cansado, con las manos medio destrozadas, que ya nunca podrán coger un bisturí.
Llegaron a un lugar del que ya no pueden ir a ninguna parte. ¿Adonde podrían ir? Al extranjero nunca les dejarán salir. Ya no encontrarán el camino de regreso a Praga, nadie les dará trabajo allí. Y no tienen motivo alguno para irse a otro pueblo.
Dios mío, ¿era necesario llegar hasta aquí para que creyera que la quería?
Finalmente, Tomás logró volver a montar la rueda. Se sentó al volante, los hombres saltaron al camión y se oyó el ruido del motor.
Teresa se fue a casa y llenó la bañera de agua. Se sumergió en el agua caliente pensando que toda la vida había utilizado sus propias debilidades en contra de Tomás. Todos tendemos a considerar la fuerza como culpable y la debilidad como víctima inocente. Pero Teresa ahora lo comprende: ¡en su caso ha sido al revés! ¡Hasta sus sueños, como si conociesen las únicas debilidades de ese hombre fuerte, le mostraban los sufrimientos de Teresa para hacerlo huir en retirada! Su debilidad era agresiva y le obligaba a constantes rendiciones, hasta que por fin dejó de ser fuerte y se convirtió en un cone-jito en su regazo. No dejaba de pensar en aquel sueño.
Salió de la bañera y fue a buscar un vestido que ponerse. Quería ponerse el vestido más bonito para gustarle, para darle una alegría.

(...)

Después volvió Teresa de la pista con el joven, la sacó a bailar el presidente y por último bailó con Tomás.
Mientras bailaban le dijo:
—Tomás, todo lo malo que hay en tu vida ha sido por mi culpa. Yo tengo la culpa de que hayas llegado hasta aquí. Tan bajo que ya no es posible ir a ninguna otra parte.
Tomás dijo:
—¿Estás loca? ¿De qué bajo hablas?
—Si nos hubiéramos quedado en Zurich, estarías operando a tus pacientes.
-Y tú estarías haciendo fotos.
—Esa es una comparación tonta —dijo Teresa—. Para ti tu trabajo lo era todo, mientras que yo puedo hacer cualquier cosa y me da exactamente lo mismo. Yo no perdí nada. Tú lo perdiste todo.
—Teresa —dijo Tomás—, ¿no te has dado cuenta de que aquí soy feliz?
—Tu misión era operar —dijo.
—Teresa, la misión es una idiotez. No tengo ninguna misión. Nadie tiene ninguna misión. Y es un gran alivio sentir que eres libre, que no tienes una misión.
Era imposible no confiar en la sinceridad de su voz. Recordó la imagen de esa misma tarde: lo vio arreglando el camión y le pareció viejo. Ella había llegado adonde quería llegar: siempre había deseado que fuera viejo. Volvió a acordarse del conejito al que apretaba contra su cara en su habitación infantil.
¿Qué significa convertirse en conejito? Significa perder toda fuerza. Significa que uno ya no es más fuerte que el otro.
Daban pasos de baile al sonido del piano y el violín, y Teresa apoyaba la cabeza en su hombro. Así tenía la cabeza cuando iban en el avión que los llevaba a través de la niebla. Sentía ahora la misma extraña felicidad y la misma extraña tristeza que en aquella ocasión. Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza.
Volvieron a la mesa. Bailó otras dos veces con el presidente y una vez con el joven, que ya estaba tan cansado que se cayó con ella en la pista.
Después subieron todos y fueron a sus habitaciones.
Tomás dio vuelta al interruptor y encendió la lámpara. Ella vio dos camas juntas; al lado de una de ellas, una mesa de noche con una lámpara, de cuya pantalla, espantada por la luz, voló una mariposa nocturna que se puso a dar vueltas por la habitación. De abajo llegaba tenue el sonido del piano y el violín.

Amén.