12 marzo 2007

Fantasía vs. Ciencia Ficción

En algún momento se planteó la antinomia (entre lectores y también, cuando no, en los escritores) entre la fantasía y la ciencia ficción.
Hubo verdaderas disputas sobre este tema cuando se empezaron a entregar los premios Hugo. Y ni hablar cuando se hizo la primera premiación de un serial o trilogía: estaban entre los favoritos Isaac Asimov por la Trilogía de las Fundaciones y J. R. R. Tolkien, por la Hermandad del Anillo. El fandom estaba dividido (y aún lo está) por la cuestión: se atribuye alguna dureza prosaica a la ciencia ficción -pero cierta verosimilitud- y mayor valor literario a la fantasía -pero con problemas de credulidad, que muchas veces relega al subgénero a la categoría de "literatura juvenil" (porque todos saben, claro, que los adolescentes son idiotas)-.
En lo personal, siempre me pareció fácil la transición entre fantasía y ciencia ficción. Asimov (La Saga de las Fundaciones -ver el capítulo "La mano muerta"), o Cordwainer Smith, (casi toda su obra, pero por ejemplo, "Barco ebrio"), saltaban de ciencia dura a fantasía con particular habilidad.
He aquí como Sam Lundwall cita a Frederic Brown, quien lo explica mejor que yo:
Fredric Brown da, en la introducción a su antología de relatos breves Angels and Space Ships (1954), un buen ejemplo de los difusos linderos que separan la ciencia ficción de la fantasía. Utiliza la historia del rey Midas. El rey Midas hizo un favor al dios Baco y éste le concedió, según era costumbre, el cumplimiento de un deseo como recompensa. Midas quiso que todo lo que tocase se convirtiera en oro. El dios se lo concedió, pero Midas descubrió muy pronto que aquel valioso regalo tenía algunos inconvenientes. Pidió a Baco que le retirase aquel don, cosa que el dios aceptó hacer.

Sin duda esto es fantasía, y nadie espera que suceda en nuestro mundo. Pero, dice Fredric Brown, traduzcámoslo ahora a ciencia ficción:

El señor Midas, que lleva un restaurante griego en el Bronx, salva casualmente la vida a un extraterrestre de un planeta lejano que vive de forma anónima en Nueva York, como observador de la Federación Galáctica, a la que la Tierra, por razones obvias, aún no está preparada para pertenecer. Se da la misma oferta de recompensa y la misma petición.

El extraterrestre, que domina ciencias muy superiores a las nuestras, hace una máquina que altera las vibraciones moleculares del cuerpo del señor Midas, de modo que al tocar un objeto produzca un efecto transmutador que lo convierta en oro. Y se produce el mismo desenlace. Esto es ciencia ficción, no hay duda.

Angels and Space-ships. Londres: Four Square, 1962, p.8

La fantasía es magia o técnica, según uno la explique o no. Pero inexplicablemente hay gente que le rehuye a una u otra, con lo que se pierde de mucho.
(Párrafo aparte: es excelente la interpretación que hace de éstas diferencias la película "The Prestige", dirigida por Chistopher Nolan, basada en la novela de ciencia ficción homónima del inglés Christopher Priest.)
En resúmen: Para un alquimista medieval la televisión será algo mágico, por más explicación técnica que le brindemos. Y para nosotros, todavía, hay espacio para gnomos, elfos y duendes. Hadas no. Diría que no lo hay para las hadas: estoy con Hoggle, que las odia.