20 febrero 2007

Perfidia

Un día reparamos en el otro. Nos descubrimos. Nos maravillamos.
Aprendimos al otro con facilidad, como quien discurre un libro ameno.
Después, no contentos con lo evidente, desciframos cada entrelínea, cada subtexto, hicimos de ello una tesis. Discutimos nuestros puntos de vista y debatimos las consecuencias de nuestros viejos errores.
Fuimos viciosos irredentos, sedientos del otro.
Nos adaptamos tanto que respondíamos al unísono a los mismos estímulos. El pasado diverso que nos unió dio paso a un presente de expectación, anhelante de futuro.
Pero nada ocurrió. Llegó el frío.
De repente, sus comentarios se tornaron crecientemente lacónicos. Sus visitas, otrora diarias, fueron saltándose días de a pares y de a tríos.
Yo, como todo Otelo desconfiado de una Desdémona esquiva, me envenené por el Yago de la duda.
En una somera búsqueda en Google descubrí a la muy pérfida.
Ahora lee, comenta y suspira en otro blog.