03 enero 2007

Transiciones (psico) temporales

No hay nada más feo, aburridor y cansador que un montón de cosas por hacer, que necesitan del concurso de uno para ocurrir. Sobre todo si esas cosas no tienen mucho que ver con la satisfacción de las pocas necesidades básicas (casi permanentemente) insatisfechas que me mantienen agarrado al continuo vital.

Su único fin es dejarme tranquilo, la mayoría de las veces, para pensar en post inútiles como éste.

Sí, no me gustan los cambios de año. Por los balances que suelen hacerse al final, ni los insoportables "todo list" del principio.
La vida ya me tiene los huevos llenos con cosas que tengo que hacer (y a veces no hago), y cosas que hago (y no tendría que hacer). Así que le cedo el arduo trabajo de ponerme objetivos, fijarme fechas y establecer condiciones necesarias. Total, lo que debo del 2006 todavía lo deberé en el 2007, con la misma (mínima) posibilidad de cancelarlo que antes. El balance inevitablemente será pésimo si lo llevo con esas listas.
Como siempre, haré esa cosa que se me ocurrió a último momento (que es lo mejor que hago desde que tengo uso de razón) y que convierte todos los planes, propios y ajenos, en un ovillo en el fondo del gran arcón donde se arrumban los esfuerzos vanos y el tiempo perdido gastados en hacerme alguien de provecho.

Lo mejor del 2006 no estaba en los planes de nadie.

Estoy condenado al éxito...