23 enero 2007

Marche un post ecológico

Siempre me pregunté qué es -realmente- la ecología. Crecí en una localidad que proclamaba ser ecológica, así que me desayuné temprano con la idea. En ese mismo pueblito serrano de San Luis, una maestra analfabeta de primaria me mandó a la dirección por poner en un ejercicio de Lengua -en el que debiamos crear oraciones y analizarlas- "La polución matará a la humanidad", o algo así. Desconoció ese significado y tomó como literal "La masturbación matará a la humanidad". Me retó ante el director, que prefirió callarse compasivamente, y darle la razón. Después tomó un diccionario y me dijo: "Yo sé que tenés razón, pero hay gente que le tiene terror al mataburros". Nos reímos y entendí a que se refería. Después me enseñó a hacer injertos...
Pero volvamos: Nadie me dejó aún conforme con las respuestas. Es como la cultura y su definición.
La confusión o la incerteza no es etimológica. Cuesta hacerse con una imagen promedio de qué significa "la ecología". Tomando cada imagen como una parte del todo, cada uno tiene una pieza del rompecabezas, pero todos de puzzles distintos.
Se habla de ecología como sinónimo de defensa del medio ambiente. En una simplificación, diría que es la preocupación por la evidente destrucción o degradacíon del planeta.
Es necio pretender que el hombre no modifique el medio ambiente. Él mismo es parte del medio ambiente. A veces no queda otra, o explotamos esas pasturas o nos morimos de hambre ¿Quién dijo "yo primero"?. Así de complejo es esto.
Ahum... No me convence. ¿Y los ecologistas, qué son, qué quieren? Conozco algunos.
Están los extremistas, que hablan de cercar el Amazonas, con brasileños dentro y todo, y despues ponerles una escopeta en la cabeza a cada uno para detener la desertización. O los que pretenden rodear la Antártida de misiles, y al primero que se acerque ¡BUM!. Hay ecologistas que aman a las ballenas, a los delfines, pero odian a los perros. Otros que defienden la vida de todos los animales, pero odian a la gente. Otros que hablan de preservar a cualquier costo, y no pueden renunciar a una heladera con freezer. Los que dicen no a los transgénicos, pese a que ellos mismos nunca sufrieron falta de proteínas. Toda una variedad.
Hoy en día, salvo cínicos confesos, la mayoría defiende lo que cree que es su comprensión particular de la ecología. Aún Greenpeace.
Y para las empresas más dañinas con el medio ambiente, es hasta un valor que se promueve con alegría en cada comunicación corporativa.

Hoy Gualeguaychú se enfrenta al poder del dinero, que disfrazado de San Cayetano finlandés, quiere envenenar para siempre un río, sus esteros y sus márgenes. ¡Y sus habitantes, qué tanto! Le podemos echar la culpa a los uruguayos (Es sólo un accidente que esas pasteras no estén aquí. Quizá éramos más caros de coimear, porque acá todos quieren su parte, no sé).
La cordura, hoy, está en manos de un grupo de "locos" que le están diciendo NO no sólo a Botnia, no sólo a Tabaré, no sólo a Kirchner, sino un gran NO al mundo entero: América Latina debe dejar de comerse la mierda de los poderosos, cediendo el oro o lo que éste puede comprar. Oro por baratijas. Aún no aprendimos nada. Baratijas asesinas.
Es un caso testigo. De repente, los que le decían a los indígenas que tenian la "magia" (la tecnología, que sospechosamente tiene mucho de relaciones públicas) ahora tienen a la gente más despierta, mas avispada, menos dispuesta al chamuyo.
Al primero que se quiera sentar a dialogar, que le dé los primeros residuos del agua que BOTNIA vierta al río a su hijo, durante un par de años. Después hablamos.

En Catamarca, tan lejos de Gualeguaychú, los acuíferos se están vaciando a razón de miles de litros por hora sólo para drenar los mineraloductos por donde caen por cientos de kilometros oro, cobre y otros minerales pesados al dock del tren de carga, que los llevará al puerto.
Al agua se la retira antes de subir a los vagones, pero una vez mezclada con los barros de molienda, se convierte en veneno mortal. La procesarán mucho, la limpiarán a conciencia, le sacarán casi hasta la última gota de veneno. Estará "estadísticamente" limpia.
El problema no es que les falte intención de limpiarla. El problema es que no pueden. El "casi" es tan asesino como un asesino común. Que sea un solo niño, el tuyo, y no te importan tres carajos las estadísticas.

Entonces me doy cuenta que la ecología es (y aquí el centro de mis peleas con algunos activistas) el procurar el máximo bienestar al ser humano, hoy y mañana. Como soy totalmente antropocéntrico, lo único que me importa es el ser humano. Si vamos a tener un mundo de plástico, pero sin ningún niño (recordá, ese niño es el tuyo, no un chinito o un somalí) muerto de hambre hoy y en el futuro, firmo YA.
Hay discusiones idiotas: el invernadero nos está llevando a la peor catástrofe no natural y seguimos defendiendo a las ballenas. Los protocolos de Kioto son el papel más barato con el que Bush se limpia el tujes cada mañana.
Y seguimos comprándole zapatillas Nike a nuestros hijos... Y nos da paja apagar la luz del balcón...