09 diciembre 2006

Siempre es lo mismo, nena

Estoy condenado. Aquella montaña está donde simpre estuvo.
Volví hasta acá, después de más de quince años, y descubro porqué renuncié. Maldición, me había olvidado.
La analogía con Mahoma es obvia.
Si la montaña no se le pone enfrente a otro, si soy otro no tendré esa montaña enfrente.
¿Me haré ingeniero, y horadaré la dura roca?
¿Me haré soldado, y cruzaré a sangre y fuego por los pasos más improbables?
¿Me haré cóndor, y volaré por sobre su cima?
Es demasiado probable que no puede ser nada de eso, y que envejezca impotente a la sombra de sus precipicios.
Pero no daré un paso atrás.
No ahora, que tengo un poco de fe.