29 diciembre 2006

Mi lado Donald Duck

Tengo unos días negros, ultimamente. Nada del otro mundo. Cada tanto me dan crisis de realidad. Al contrario de lo que le sucede a buena parte del mundo, lo que me ocurre no es que "me vuelva loco", sino todo lo contrario.
Cuando mi neurosis no alcanza para defenderme de la realidad, se evapora de repente y caigo en la cuenta de todo el conjunto, que se desborda.
De alguna manera tengo que tirar hasta que se me adormezca la conciencia de nuevo, entonces salen afuera algunas características que no me enorgullecen, pero que tampoco me avergüenzan mucho, y que me distraen un poco.
Por ejemplo, me pongo protestón, contestador y pendenciero.
Ehhh... -quiero decir- MÁS protestón, MÁS contestador y MÁS pendenciero.
Sí, más furioso y embroncado que de costumbre. Un aunténtico Donald Duck.
A esas alturas, protesto los fallos de los zorros grises, discuto con cosas inanimadas (una puerta que no se cierra, entre muchas otras cosas), y ando murmurando puteadas dos cuadras seguidas porque un estúpido no me cede el paso cuando camino en modo bulldozer por la peatonal.
Me peleé con uno de mis jefes por una miserable caja de cartón. Yo tenía razón, pero otra vez la cagué.
Ayer probé el estado de los resortes del colchón dándole trompadas como un poseso, por culpa de los teléfonos celulares, que andan para el orto.
El colmo ha sido hoy: venir a 190 km/h por hora para llegar a horario, y descubrir que fue al pedo.
Como boludo no soy (iba a ponerme el auto de sombrero), paré en medio de la ruta, bajé y puteé con toda la fuerza de mis pulmones. Pateé los yuyos de la banquina y las piedritas, tambien. Esas hijas de puta.
En fin.
Tengo que decir que me hizo muy bien. Creo que cedió un poco la realidad.
El manto de la neurosis parece cubrirme de nuevo, un poco.
Bienvenida, neurosis. Me vas a hacer falta este fin de semana.