04 agosto 2006

Y a propósito de Judas...

Por un momento, uno cree que conoce a alguien. Y ya no hablo de los nuevos conocidos, hablo de la gente que uno tiene cerca. Los ha oído perorar infinidad de veces: cuánto te quieren, las razones de porqué hacen las cosas o dejan de hacerlas, las intimas confesiones de sus almas doloridas, el "por quien me has tomado, es que ya no me conoces, eh?!", y una largo etcétera.
Lo cierto es que a veces ni uno mismo se conoce, menos va a conocer a los demás. Pero necesitamos confiar en alguien, por lo menos hasta que él mismo se encargue de demostrar lo contrario.
A menudo nuestros cariños se encargan de eso, infaliblemente. Familiares, parejas, amigos, socios, pares, nones. Lo peor es que has sido medido y pesado, y dejado de lado.
Igual, fuera de la traición ladina e interesada, yo no pretendo amigos perfectos. Sería muy injusto, pues yo no lo soy muchas veces.
Tengo una bajísima expectativa acerca de mis amigos. Espero muy poco de ellos. Y siempre termino asombrado por lo mucho que me dan.
Aunque hay cada cristiano que...